
Los Juegos Olímpicos terminaron recientemente en Beijing. Hace varios años,
en el año 2000, los juegos fueron en Sídney, Australia. Recuerdo haber leído en
la revista "Time" que le llamaban "El Espectáculo Más Grande del Mundo". Los
Juegos Olímpicos empezaron en la ciudad griega de Olimpia en el año 776 a. de
J.C. y en el año 394 de la era cristiana fueron cancelados. El emperador romano
Teodosio I, quien era cristiano, los abolió diciendo que eran un ritual pagano.
Estas competencias se reanudaron otra vez en el año 1896 por el Barón francés
Pierre de Coubertín.
Se cree que aproximadamente 10,000 atletas de todo
el mundo participan cada cuatro años en los Juegos Olímpicos, probablemente como
200 naciones toman parte en 300 eventos. Muchos reporteros están a cargo de la
cobertura. Estos juegos duran aproximadamente como dos semanas. Algunos le
llaman "La Carrera Humana".
La meta de los concursantes es ganar una
medalla de oro, algo muy valioso para los atletas, pero corruptible. Durante
los primeros años de los Juegos Olímpicos, nadie podía competir si no era
ciudadano griego, nacido de padres griegos. Tenían reglas muy estrictas para
los participantes. Tenían que negarse a sí mismos y aún el día de hoy tanto
hombres como mujeres que toman parte el esos juegos deben negarse a sí mismos.
Algunos de ellos se van al extremo para llegar a obtener el premio usando una
especie de estimulante como alguna droga lo cual es ilegal. Si los descubren,
los descalifican.
En la lectura bíblica de Hebreos 12:1-6, el autor usa
el mismo principio de los Juegos Olímpicos como ejemplo de la carrera cristiana,
todos somos atletas. Todos estamos en la carrera, no hay excepción. La carrera
cristiana también tiene su meta: llegar al cielo. Y todo cristiano anhela
alcanzar su meta. También los cristianos obtendremos una corona, sólo que al
contrario del premio de los atletas del mundo secular, la corona del cristiano
será incorruptible, algo que durará para siempre.
Si es cierto que en un
principio nadie podía competir en los juegos si no era ciudadano griego, nacido
de padres griegos, también es cierto que ninguna persona que no sea salva puede
competir en la carrera cristiana, solamente aquellos que han nacido de nuevo
espiritualmente. Juan 3:3 dice, "...de cierto de cierto te digo, que el que no
naciere de nuevo, no puede entrar en el reino de Dios".
Así como el
atleta debe negarse a sí mismo muchos placeres del cuerpo, así el creyente debe
hacer lo mismo. 1 de Corintios 9:24-25 dice, "¿No sabéis que los que corren en
el estadio, todos a la verdad corren, pero uno sólo se lleva el premio? Corred
de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene;
ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible".
También dijimos que los concursantes en los Juegos
Olímpicos tenían reglas muy difíciles, así también los creyentes en su carrera
cristiana tenemos reglas que debemos de guardar conforme las encontramos en la
Biblia. In primer lugar, el creyente debe negarse a sí mismo, como mencionamos
antes. Hebreos 12:1 dice, "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor
nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que
nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante".
En segundo lugar, debemos tener nuestros ojos fijos en Cristo y no voltear para
la derecha ni para la izquierda. El verso 2 del mismo capítulo 12 de Hebreos
dice, "puestos los ojos en Jesús. el autor y consumador de la fe, el cual por
el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se
sentó a la diestra del trono de Dios". El cristiano siempre debe tener su vista
puesta en Cristo y no hacer lo que hizo Pedro cuando anduvo en las aguas del
Lago de Genesaret y quitó su vista del Maestro y empezó a hundirse (Mateo
14:30).
En tercer lugar, el atleta cristiano debe depender del Señor
para su fortaleza diaria y no en la religión ni en el horóscopo ni en la
lotería. Lea Efesios 6:10-18 y ahí encontrará las armas espirituales que le
ayudarán para llegar a la meta, o sea el cielo. Al leer la Biblia y estudiarla
a diario, ahí encontramos la fortaleza necesaria que necesitamos. Al orar a
Dios siempre ahí encontramos el bálsamo que aliviará y sostendrá nuestra vida
espiritual.
Contrario a los Juegos Olímpicos, en la carrera cristiana
nos ayudamos los unos a los otros. Nuestra meta es llegar al cielo con familia
y amistades, con aquellos por los que oramos para que Dios los salve y los
rescate de la condenación eterna. Hay una historia of 10 corredores
especiales. Eran jóvenes de ambos sexos. Durante la carrera, uno de ellos se
cayó, era una joven, los otros 9, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se
detuvieron, regresaron a levantarla y los 10 juntos llegaron a la meta. Esa,
estimados amigos, es la carrera cristiana. No corremos solos ni tratamos de ser
el primero. Nos ayudamos los unos a los otros. En 1992, los Juegos Olímpicos
de verano fueron en Barcelona, España. Uno de los corredores en la carrera de
400-metros era un atleta Inglés de nombre Derek Redmond. Mientras corría se
lastimó un ligamento y terminó en el suelo. Mientras trataba de levantarse, su
padre Jim Redmond, antes que alguien lo detuviera, brincó la pared hacia la
pista y llegó hasta donde estaba su hijo. Este se apoyó sobre sus hombros y
ambos continuaron la carrera. Todos los espectadores estaban de pié
animándoles. Cuando padre e hijo llegaron a la meta, fue como si el corredor,
su padre y todos los espectadores habían llegado a la meta. Así, mis amigos, es
la carrera cristiana.


